En la guerra contra Irán, Estados Unidos ha amenazado con nuevos ataques contra el programa nuclear iraní. El presidente Trump declaró que aún debían “encargarse de una o dos instalaciones”
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, mantiene sobre la mesa la posibilidad de ordenar una nueva ofensiva militar contra Irán, una decisión que podría reactivar una guerra de ocho meses y ampliar la inestabilidad en Oriente Medio, mientras continúan los esfuerzos diplomáticos para alcanzar un acuerdo con el Gobierno iraní.
Según una investigación publicada este domingo por The Atlantic, Trump lleva varias semanas examinando opciones para reanudar los ataques con el propósito de aumentar la presión sobre Teherán y obligarlo a negociar. Asesores cercanos al mandatario consideran que una nueva ronda de operaciones podría producirse después de las elecciones legislativas estadounidenses del próximo martes 3 de noviembre.
La publicación señala que el mandatario recibió recientemente distintas alternativas militares presentadas por el secretario de Defensa, Pete Hegseth; el jefe del Estado Mayor Conjunto, general Dan Caine, y el almirante Brad Cooper, comandante del Mando Central de Estados Unidos (CENTCOM), responsable de las operaciones militares estadounidenses en Oriente Medio.
Las alternativas contemplan operaciones de distinta duración: desde ataques de algunas horas hasta campañas que podrían extenderse durante días o semanas. También se estudia mantener el bloqueo naval en el estrecho de Ormuz y utilizar la amenaza de nuevas acciones militares como instrumento de presión, sin iniciar inmediatamente otra ofensiva.
Sin embargo, la Casa Blanca todavía no ha confirmado una decisión presidencial. El secretario de Estado, Marco Rubio, declaró el sábado que Trump no había resuelto si autorizaría nuevos bombardeos y reiteró que la prioridad del Gobierno es encontrar una solución diplomática.
La presión de Israel y las negociaciones con Catar
La posibilidad de una nueva ofensiva coincide con gestiones diplomáticas en Doha, donde representantes iraníes y mediadores cataríes mantenían este domingo una tercera jornada consecutiva de conversaciones para intentar poner fin al conflicto.
El ministro iraní de Exteriores, Abbas Araqchi, afirmó que las consultas continuaban y que su país estaba preparado tanto para la defensa como para la diplomacia. Entre los asuntos discutidos figura una propuesta para facilitar la reapertura del estrecho de Ormuz en un plazo de dos días después de un eventual acuerdo con Washington.
La negociación se desarrolla en un contexto de presión política y militar. De acuerdo con un reporte de Axios, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, estaría presionando a Trump para que autorice nuevos ataques inmediatamente después de las elecciones estadounidenses. La información, basada en fuentes israelíes y estadounidenses, describe diferencias sobre el momento de reanudar las operaciones: mientras Israel favorecería una acción más rápida, Trump estaría dispuesto a permitir que las negociaciones continúen.
El mandatario estadounidense afirmó que las conversaciones avanzaban, aunque también sostuvo que todavía quedaría por actuar contra uno o dos emplazamientos iraníes. Entre los lugares mencionados públicamente figura Pickaxe Mountain, instalación asociada al programa nuclear de Irán.
La referencia a posibles objetivos nucleares vuelve a colocar en el centro de la disputa el programa de enriquecimiento de uranio iraní, que Washington e Israel consideran una amenaza estratégica. Teherán, por su parte, sostiene que sus actividades nucleares tienen fines pacíficos y ha rechazado las exigencias estadounidenses que considera una vulneración de su soberanía.
Una guerra con costos militares y económicos
La eventual reanudación de los ataques no se produciría en las mismas condiciones que al inicio del conflicto. Un análisis de imágenes satelitales realizado por Associated Press encontró que, hasta agosto, más de 115 ataques con drones o misiles atribuidos a Irán o a milicias aliadas habían dañado instalaciones en 26 bases y otros emplazamientos militares estadounidenses en la región.
La investigación identificó daños en radares, hangares, aeronaves, sistemas de comunicaciones, depósitos y alojamientos militares. Según funcionarios regionales consultados por AP, parte del equipamiento estadounidense fue trasladado fuera del golfo Pérsico después de los ataques.
Estos daños plantean interrogantes sobre el costo de una nueva campaña y la capacidad de las fuerzas estadounidenses para proteger sus instalaciones y aliados frente a una represalia iraní.
Teherán ha advertido que respondería a cualquier nueva ofensiva atacando objetivos estadounidenses e israelíes en países vecinos. El líder supremo iraní, Mojtaba Khamenei, ordenó a las fuerzas armadas mantener la preparación ante un eventual ataque, mientras el aparato militar anunció medidas para reforzar su capacidad de respuesta.
El estrecho de Ormuz constituye otro factor decisivo. Por esa vía marítima transita una parte sustancial del comercio mundial de petróleo y gas natural licuado. Una interrupción prolongada de la navegación podría provocar nuevas presiones sobre los precios internacionales de la energía, afectar el transporte marítimo y trasladar los costos del conflicto a economías alejadas de Oriente Medio.
Los riesgos de una nueva escalada
Las opciones militares examinadas por Washington incluyen posibles ataques contra las defensas iraníes, infraestructura que Estados Unidos considere vinculada a actividades militares y componentes del programa nuclear. No obstante, una campaña contra instalaciones de uso dual —civil y militar— podría aumentar el riesgo para la población y generar cuestionamientos sobre el cumplimiento del derecho internacional humanitario.
Incluso una ofensiva de gran magnitud no garantizaría que el Gobierno iraní acepte las condiciones estadounidenses. Analistas citados por The Atlantic advierten que nuevos bombardeos podrían reforzar la resistencia de Teherán, provocar represalias regionales y obligar a Washington a considerar una escalada adicional si los ataques no producen concesiones.
El conflicto también tiene repercusiones en la política interna estadounidense. La guerra ha generado costos económicos y preocupación entre sectores del Partido Republicano ante las elecciones legislativas. La publicación señala que Trump ha expresado frustración por el impacto del conflicto en las perspectivas electorales de su partido y ha cuestionado a algunos de sus principales asesores militares.
No está claro, sin embargo, que el resultado electoral determine la decisión sobre Irán. La discusión en Washington combina cálculos militares, presiones diplomáticas, seguridad regional y consecuencias económicas.
Por ahora, Estados Unidos mantiene abiertas dos vías: continuar las negociaciones con la mediación de Catar o reanudar una campaña militar que podría extender el enfrentamiento. La ausencia de una orden de ataque confirmada impide afirmar que una ofensiva sea inminente, pero la preparación de opciones militares y las advertencias de represalia mantienen elevada la tensión en Oriente Medio.