A casi dos años del segundo mandato de Donald Trump, Estados Unidos muestra un balance profundamente contradictorio: una frontera sur con cifras migratorias históricamente bajas convive con una inflación que volvió a subir, un déficit fiscal cercano a los 2 billones de dólares y una creciente desconfianza hacia las instituciones democráticas. La administración presenta su gestión como una restauración del orden y la soberanía; la oposición y buena parte de las encuestas la describen como un periodo de polarización, sobrecosto y erosión de contrapesos.
La frontera: el principal logro reclamado
El dato más contundente a favor de la Casa Blanca es migratorio. La Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza reportó 98,708 aprehensiones en la frontera suroeste durante el año fiscal 2026, una caída de 95% frente a los más de 1.8 millones anuales registrados durante la administración de Joe Biden.
El Departamento de Seguridad Nacional afirma, además, que fue el primer año fiscal sin liberaciones de migrantes por parte de la Patrulla Fronteriza y que los encuentros migratorios a nivel nacional cayeron a 379,243, el nivel más bajo registrado por la agencia.
Sin embargo, el éxito operativo no se traduce automáticamente en consenso político. Las encuestas indican que buena parte del público respalda el control fronterizo y la deportación de extranjeros con antecedentes penales, pero que ese apoyo se reduce cuando se trata de deportaciones masivas, revocación de protecciones a residentes de larga duración o separaciones familiares.
La economía: promesas de abaratamiento, facturas más altas
El punto más vulnerable de la administración es el costo de vida. Trump llegó al poder prometiendo hacer más asequible la vida de los estadounidenses, pero la inflación anual llegó a 3.7% en septiembre de 2026, frente a 3.4% en agosto, impulsada en gran medida por el alza de la gasolina.
El índice de precios al consumidor subió 0.6% solo en septiembre, mientras que la inflación subyacente —sin alimentos ni energía— se mantuvo en 2.6% interanual, por encima de la meta del 2% de la Reserva Federal.
El descontento se refleja con claridad en las encuestas: solo 17% de los adultos aprueba la gestión de Trump sobre el costo de vida y 26% su manejo general de la economía, según AP-NORC. Una encuesta de Reuters/Ipsos colocó su aprobación general en 32%, mientras que NBC News registró 40% de aprobación y 60% de desaprobación.
Aranceles: más impuestos, menos alivio
Los aranceles fueron presentados como una herramienta para proteger la industria estadounidense, recaudar recursos y reducir la dependencia exterior. Pero su efecto inmediato ha sido encarecer insumos y productos importados, costos que los importadores suelen trasladar a consumidores y empresas.
El déficit comercial total de Estados Unidos se ubicó en poco más de 901 mil millones de dólares en 2025, apenas por debajo de los 904 mil millones de 2024, pese a la política arancelaria. Más revelador aún: el déficit comercial de bienes alcanzó un récord de 1.24 billones de dólares.
La política comercial tampoco ha contenido el deterioro fiscal. El Tesoro reportó un déficit presupuestario de 1.992 billones de dólares en el año fiscal 2026, cerca de 12% más que en 2025 y el tercer déficit anual más alto de la historia estadounidense, solo superado por los años de pandemia.
Un tablero político cada vez más tenso
La Casa Blanca sostiene que sus medidas restauran la soberanía y protegen a los trabajadores estadounidenses. Pero analistas y organizaciones de derechos civiles advierten que la concentración de poder ejecutivo, la debilidad del Congreso como contrapeso y la cercanía de la Corte Suprema a la mayoría republicana han debilitado los mecanismos de control institucional.
La Fundación Ciencia y Política, con sede en Berlín, clasificó a Estados Unidos como un caso de “autoritarismo competitivo”: instituciones formalmente democráticas que siguen existiendo, pero sometidas a presiones que reducen la equidad de la competencia política.
El clima preelectoral ha agudizado esa tensión. La investigación de BR24 documenta allanamientos contra la congresista demócrata Ilhan Omar, una retórica oficial con motivos nacionalistas y controversias en torno a una posible transmisión pública de una ejecución, episodios que han alimentado el debate sobre los límites constitucionales del poder presidencial.
Beneficios privados y preguntas de conflicto de interés
Otro frente delicado es la relación entre el cargo presidencial y los negocios de la familia Trump. Según cifras citadas por BR24 a partir de la declaración financiera anual del presidente, Trump habría recibido 1.4 mil millones de dólares por operaciones con criptomonedas desde el inicio de su segundo mandato.
Organizaciones como Public Citizen y Demand Progress señalan acuerdos entre World Liberty Financial —empresa vinculada a la familia Trump—, Binance e inversionistas de los Emiratos Árabes Unidos como ejemplos de posibles conflictos de interés. La Casa Blanca niega que existan conflictos y sostiene que el presidente actúa exclusivamente en interés nacional.
Los legisladores demócratas han calculado que el patrimonio privado de Trump podría haber aumentado hasta 9.7 mil millones de dólares desde el inicio del segundo mandato, una cifra difícil de verificar en su totalidad, pero que ha alimentado la percepción pública de que el poder se utiliza también para beneficio personal.
El mundo observa con incertidumbre
Para los aliados de Washington, el problema no es solo una política comercial proteccionista, sino la imprevisibilidad de un presidente que ha redefinido alianzas, presionado a Ucrania y acercado posiciones con Moscú en medio de la guerra en Ucrania. BR24 señala que la administración buscó reducir el precio del diésel en Estados Unidos mediante un entendimiento con Rusia, una maniobra con consecuencias geopolíticas para Europa y Kiev.
Esa volatilidad complica la posición de Europa, Canadá, México y los países centroamericanos, que dependen de la estabilidad comercial, migratoria y diplomática de Estados Unidos. Para la diáspora latinoamericana, las políticas migratorias y los aranceles no son abstracciones: afectan remesas, empleos, precios, viajes y la seguridad jurídica de millones de familias.
Dos años después: orden fronterizo, desorden económico
El segundo mandato de Trump ha logrado uno de sus objetivos más visibles: reducir drásticamente los cruces irregulares en la frontera sur. Pero ese resultado convive con una inflación persistente, un déficit fiscal récord, aranceles que no han cerrado la brecha comercial y una aprobación presidencial en niveles bajos.
La pregunta que enfrenta Estados Unidos antes de las elecciones legislativas del 3 de noviembre no es únicamente si la administración ha cumplido sus promesas, sino si su modelo de gobierno —más ejecutivo, más polarizado y menos sujeto a contrapesos— puede sostenerse sin deteriorar aún más la confianza en la democracia estadounidense.