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El Salvador apenas empata con Martinica y se va a la categoría B de la CONCACAF Nations League

  • Publishedoctubre 5, 2026

La Selecta desperdició una ventaja temprana, volvió a mostrar sus limitaciones ofensivas y terminó igualando 1-1 en Fort-de-France. El resultado la deja en el quinto puesto de la Liga A, con cuatro puntos y una diferencia de -6, mientras el proyecto de Hernán “Bolillo” Gómez queda severamente cuestionado después de la eliminación mundialista, el 6-0 ante Guatemala y la derrota frente a Jamaica

La selección mayor de El Salvador volvió a fallar cuando más necesitaba ganar. La Azul y Blanco empató este lunes 1-1 frente a Martinica en el estadio Pierre-Aliker de Fort-de-France y quedó prácticamente sentenciada a abandonar la Liga A de la Concacaf Nations League, después de una campaña marcada por la inconsistencia, la falta de contundencia y una goleada histórica que terminó de desnudar las debilidades del equipo.

Jefferson Valladares adelantó a El Salvador apenas al minuto 3, aprovechando una descoordinación de la defensa y del guardameta martiniqueño después de una acción generada por Styven Vásquez. El gol parecía abrir la puerta a una victoria que la selección necesitaba desesperadamente.

Pero la ventaja volvió a convertirse en un espejismo.

Martinica fue creciendo con el paso de los minutos, ganó presencia en el mediocampo y comenzó a llevar el partido hacia el terreno salvadoreño. El empate llegó al minuto 56, cuando Janis Antiste aprovechó una combinación dentro del área para vencer a Mario González y establecer el 1-1.

A partir de entonces, El Salvador fue incapaz de recuperar el control del encuentro.

Una selección que no sabe cerrar los partidos

El problema ya no puede atribuirse únicamente a un resultado aislado.

La Selecta comenzó la fase con una victoria convincente de 3-1 sobre Martinica en San Salvador. Después llegó el desastre: derrota 6-0 ante Guatemala, caída 0-2 frente a Jamaica y finalmente este empate 1-1 en Fort-de-France. En cuatro partidos, El Salvador consiguió una victoria, un empate y dos derrotas, con cuatro goles anotados y diez recibidos, para una diferencia de -6.

El contraste es particularmente duro porque el equipo necesitaba ganar en Martinica para mantener sus posibilidades de permanencia. En lugar de eso, después de ponerse arriba en el marcador, volvió a retroceder, cedió la iniciativa y terminó dependiendo de otros resultados.

La actuación volvió a exhibir una de las principales deficiencias del ciclo de Hernán Gómez: El Salvador parece no tener un mecanismo confiable para controlar los partidos cuando consigue una ventaja.

El equipo puede comenzar bien, pero no consigue sostener la intensidad, administrar la pelota ni convertir sus oportunidades en goles que cierren los encuentros.

Contra Martinica tuvo opciones para ampliar la diferencia. Brayan Gil desperdició al menos dos oportunidades claras y Christian Martínez también tuvo una ocasión favorable. Cuando esas oportunidades no fueron aprovechadas, el rival terminó cobrando el precio.

El “Bolillo” llegó al límite que él mismo estableció

La situación de Hernán “Bolillo” Gómez resulta ahora particularmente comprometida porque fue el propio entrenador quien condicionó su continuidad a la permanencia en la Liga A.

Después de la goleada 6-0 sufrida ante Guatemala, Gómez reconoció públicamente la gravedad del desastre y llegó a decir que, después de aquel resultado, “nos tendrían que echar a todos”. La FESFUT, sin embargo, decidió mantenerlo para los dos últimos partidos de la fase.

El presidente de la Federación Salvadoreña de Fútbol, Yamil Bukele, defendió entonces la continuidad del técnico colombiano y sostuvo que veía un proceso en marcha. También explicó que Gómez había manifestado que dejaría el cargo si no conseguía mantener a El Salvador en la Liga A.

Ahora ese objetivo está prácticamente perdido.

Y la pregunta deja de ser solamente si Gómez debe continuar. La cuestión es qué argumentos deportivos existen para sostener un proyecto que no consiguió clasificar al Mundial, no ganó un solo partido ni anotó un gol en la Copa Oro 2025 y acaba de protagonizar una de las peores secuencias recientes de la selección mayor.

Los números son más duros que cualquier explicación

Desde que Gómez asumió la dirección de El Salvador en febrero de 2025, su ciclo ha estado acompañado por resultados insuficientes.

Según el balance publicado por Infobae y EFE, antes del encuentro ante Martinica el técnico acumulaba 20 partidos oficiales con la selección, con cuatro victorias, seis empates y diez derrotas. El empate de este lunes amplía ese registro negativo a 11 partidos oficiales sin victoria en el tramo reciente, mientras el equipo vuelve a quedar fuera de la pelea por los objetivos inmediatos.

La estadística no explica por sí sola el funcionamiento de un equipo, pero sí obliga a responder una pregunta incómoda: ¿qué evolución concreta puede mostrar la selección después de casi dos años de trabajo?

El argumento de que se trata de un proceso pierde fuerza cuando los resultados no solamente no llegan, sino que se agravan.

La eliminación del Mundial 2026 ya había dejado al fútbol salvadoreño fuera del principal objetivo competitivo de la región. La campaña de Nations League debía representar una oportunidad para recuperar credibilidad. Terminó convirtiéndose en otra crisis.

Guatemala 6-0: el partido que cambió todo

La derrota ante Guatemala fue mucho más que tres puntos perdidos.

El 6-0 del 28 de septiembre dejó a El Salvador sin respuesta desde los primeros minutos y convirtió el encuentro en una exhibición de superioridad del conjunto guatemalteco. Concacaf registró seis goles de Guatemala y una actuación en la que la Bicolor dominó completamente el marcador.

Lo más preocupante fue que el resultado no produjo inmediatamente un cambio de conducción.

La FESFUT decidió sostener a Gómez pese a la goleada. El argumento institucional fue que cambiar al cuerpo técnico a pocos días de un partido decisivo sería “descabellado” y que existía un proceso que debía continuar.

La apuesta no produjo la reacción esperada.

El Salvador perdió después 0-2 ante Jamaica en el Cuscatlán y llegó a Martinica obligado a ganar. Contra los jamaiquinos, Rudy Clavel fue expulsado al minuto 20, circunstancia que condicionó severamente el encuentro, pero el equipo tampoco consiguió generar una respuesta ofensiva capaz de cambiar el resultado.

Ante Martinica, ya sin margen, volvió a dejar escapar una ventaja.

Una crítica inevitable al entrenador

La responsabilidad de Gómez no puede reducirse a las decisiones de alineación.

Un entrenador es responsable de preparar un equipo, establecer mecanismos de juego, corregir durante los partidos y conseguir que sus jugadores sepan qué hacer cuando el escenario cambia.

En Martinica, El Salvador tuvo la oportunidad de jugar con el marcador a favor desde el minuto 3. En lugar de utilizar esa ventaja para controlar el encuentro, el equipo terminó cediendo terreno y permitiendo que el adversario asumiera progresivamente el protagonismo.

La crítica, por tanto, no consiste en exigir que El Salvador gane todos sus partidos. Consiste en exigir que después de meses de trabajo exista una identidad reconocible, una respuesta táctica y una capacidad competitiva acorde con el nivel de una selección nacional.

Eso es precisamente lo que hoy resulta difícil encontrar.

La selección ha mostrado períodos de buen fútbol, pero demasiado breves y sin continuidad. Ha dependido excesivamente de acciones individuales y ha tenido dificultades para generar ocasiones de manera sostenida.

La goleada ante Guatemala y el empate frente a Martinica son particularmente reveladores porque ocurrieron en partidos en los que El Salvador tenía enormes incentivos competitivos.

Pero la crisis no es solamente del entrenador

Sería igualmente cómodo atribuir todo el fracaso a Gómez.

La selección mayor no empezó sus problemas con el entrenador colombiano.

La responsabilidad también alcanza a los jugadores y, sobre todo, a la estructura que administra y construye el fútbol nacional.

Un equipo que cambia de entrenador pero conserva los mismos problemas de formación, desarrollo, competencia interna, producción de futbolistas y planificación seguirá enfrentando las mismas dificultades.

Yamil Bukele ha defendido precisamente esa tesis al sostener que existen problemas estructurales y que cambiar de entrenador no resolvería automáticamente las deficiencias del fútbol salvadoreño.

Pero esa explicación tampoco puede convertirse en un escudo permanente.

Si existe un problema estructural, la FESFUT tiene la obligación de explicar cuáles son sus soluciones, cuáles son sus plazos y qué resultados espera obtener.

Un proceso no se demuestra solamente anunciándolo. Se demuestra con futbolistas que mejoran, una selección que compite mejor y resultados que confirman la evolución.

El descenso vuelve a desnudar al fútbol salvadoreño

La tabla oficial de Concacaf situaba a El Salvador con cuatro puntos, quinto y con diferencia de goles de -6, por detrás de Martinica, Guatemala, Jamaica y Surinam. Honduras aparecía con tres puntos y todavía tenía pendiente su partido ante Jamaica.

Por ello, desde el punto de vista estrictamente reglamentario, la confirmación matemática definitiva del descenso dependía del resultado del partido Honduras-Jamaica. No obstante, medios salvadoreños e internacionales reportaron el empate ante Martinica como el resultado que dejó a El Salvador fuera de la Liga A, dada su posición y su diferencia de goles.

La normativa de Concacaf establece que los equipos que terminan quinto y sexto en cada grupo de la Liga A descienden a la Liga B.

Más allá de la formalidad de la tabla, el golpe deportivo ya es evidente.

El Salvador pasó de regresar a la Liga A en la edición anterior a encontrarse nuevamente ante el riesgo de perder categoría. Y lo hace después de haber tenido una ventaja inicial contra Martinica que no supo conservar.

La Selecta necesita algo más que otro cambio

El fútbol salvadoreño se encuentra nuevamente frente a una decisión.

Puede limitarse a sustituir al entrenador y esperar que el siguiente produzca resultados diferentes con prácticamente los mismos recursos.

O puede utilizar este fracaso para revisar seriamente el modelo de selección mayor, la formación de jugadores, la transición de juveniles, la competencia local, la detección de talento y la planificación de las selecciones nacionales.

Gómez, mientras tanto, tendrá que responder por el rendimiento de un equipo que bajo su conducción no consiguió alcanzar el Mundial y que ahora queda fuera de la Liga A de la Nations League.

Y la FESFUT deberá responder por haber mantenido ese proyecto después de un 6-0 que el propio entrenador calificó como un desastre.

El empate 1-1 ante Martinica no es solamente un resultado.

Es el retrato de una selección que llegó al partido decisivo necesitando ganar y terminó conformándose, otra vez, con sobrevivir.

Y en el fútbol internacional, cuando una selección vive de empates, explicaciones y promesas de procesos mientras sus rivales avanzan, tarde o temprano la tabla termina dictando sentencia.

Written By
Redacción DL

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