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El candidato 'socialista' de los demócratas, Bernie Sanders, saluda a Hillary Clinton.

Clinton no encuentra rival en Sanders y sale reforzada de debate

(abc) El primer debate demócrata resultó mucho más determinante de lo que podía pensarse. Hillary Clinton salió victoriosa con inesperada suficiencia al mostrarse como la más sólida y experta en la mayoría de los asuntos, pero también al no encontrar en el socialista Bernie Sanders el rival incisivo que se esperaba. Por si fuera poco, las únicas cuestiones que podían cuestionar su crebilidad y que habían lastrado su campaña, el escándalo de los e-mails y la crisis de la embajada norteamericana en Benghazi (Libia), se diluyeron como un azucarillo, en parte por la mayor unidad que ofrecen los demócratas y en parte por la escasa pegada del resto de los contendientes. A falta de cinco debates demócratas y meses de carrera, salvo mayúscula sorpresa, sólo la entrada del vicepresidente Joe Biden podría poner en duda la nominación de Hillary Clinton.

Convocadas por la cadena de televisión CNN, más de 1.300 personas asistieron en el hotel Wynn de Las Vegas a la puesta de largo de los cinco aspirantes del Partido Demócrata que optan a la nominación de candidato a la Presidencia de Estados Unidos: además de Clinton y Sanders, los exgobernadores de Maryland y Rhode Island, Martin OŽMalley y Lincoln Chafee, y el exsenador por Virginia Jim Webb. Al comienzo del debate le precedieron un vídeo de apoyo al partido del presidente Obama y el cántico del himno nacional estadounidense a cargo de la célebre solista de country Sheryl Crow, mientras los cinco contendientes escuchaban alineados y con la mano en el pecho. Hasta los últimos minutos, la CNN mantuvo preparado un sexto atril y la invitación abierta a Biden por si decidía presentarse.

La primera contienda demócrata va a ayudar a Hillary Clinton recuperarse del desgaste acumulado los últimos meses. La exsecretaria de Estado, que sumaba ya con este 36 debates electorales, muy segura toda la noche y con una lección tan aprendida como las que le llevaron a destacar por su oratoria cuando estudiaba en la Universidad de Yale, no tuvo rival consistente en ninguno de los asuntos que podían ponerle en aprietos. En el caso del escándalo de los e-mails, provocado por su autoreconocido «error» de utilizar un servidor privado para la gestión de todos sus asuntos, el respaldo de sus candidatos llegó al paroxismo cuando su rival supuestamente más aguerrido, Sanders, proclamó un «basta ya de hablar de los e-mails cuando la clase media sigue deteriorándose», y dio la mano a Clinton en la que fue la imagen de la noche. Cuando le llegó el turno de explicarse sobre la crisis de Benghazi, Clinton tuvo la habilidad de denunciar la persecución política, gracias al reciente patinazo de uno de los líderes republicanos, quien reconoció que la investigación del Congreso buscaba poner a la exsecretaria de Estado «contra las cuerdas».

No puede decirse que fuera un debate de guante blanco, pero sí que ninguno de los rivales de Hillary Clinton estuvo dispuesto a poner en aprietos a la exsecretaria de Estado en materias sensibles, en una demostración muy alejada de las luchas intestinas que muestran cada día los aspirantes del Partido Republicano. Y también que no lo consiguió en los asuntos de mayor contenido. Solo ante la ofensiva de Sanders sobre el exceso de poder que acumula Wall Street, que a su juicio «regula al Congreso, más que el Congreso regula a Wall Street», Clinton tuvo que salir en defensa de las medidas que se han tomado de defensa del consumidor a raíz de los abusos durante la crisis financiera. También en este punto, OŽMalley apeló a la exigencia de «proteger la economía real frente a las malas artes» del mundo financiero.

La discusión sobre Rusia y la guerra de Siria también dejó sola a la exsecretaria de Estado, la única que abiertamente se mostró a favor de impulsar la creación de una zona de exclusión aérea para proteger de Rusia a los islamistas moderados ayudados por Estados Unidos. Sanders y OŽMalley coincidieron en considerar «arriesgada y peligrosa» la apuesta. Pese a su soledad, como era lógico, fue en materia de política exterior en la que Clinton se mostró más experta y segura, frente a un senador socialista que ofreció lagunas insospechadas en un aspirante a presidir Estados Unidos.

En los últimos minutos del debate, una confiada Clinton, segura de haber protagonizado un buen debate y cada vez más jaleada, pasó del debate al mitin cuando dejó la guinda en busca del voto femenino, con un «quiero ser la primera mujer presidenta de los Estados Unidos», y cuando realizó distintas acometidas contra los republicanos.

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