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“El escándalo del vídeo porno”

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Por alguna razón, siempre se me hizo más fácil relacionarme con hombres que con mujeres, por lo que la mayoría de mis amigos son hombres, siempre me sentí cómoda con ellos y fui aceptada en el clan masculino como otro “dude”. Entre bares y cervezas he escuchado mil historias, y gracias a la actual coyuntura, recordé todas esas veces que escuché a mis amigos o conocidos expresar lo mucho que deseaban que sus parejas accedieran a hacer un vídeo “porno” con ellos, pero al parecer las chicas no acceden fácilmente.

Resulta que en algún otro lugar de nuestro “conservador” país, había un hombre logrando que su atractiva novia accediera a grabar un vídeo porno con él. Quizás no tuvo que convencerla, quizás ella quiso hacerlo también, quizás fue mutuo acuerdo, no sé… pero por el momento todo era sólo una fantasía haciéndose realidad, un momento de placer registrado con un celular, un hombre satisfecho y una mujer satisfecha por el milagro de la sexualidad.

Entonces nadie sabía nada, fue hasta que el hombre en cuestión, sin autorización de su pareja, decidió como acto de venganza, subir el vídeo a un sitio de pornografía en Internet.

Fue así como empezó la catástrofe moral de toda una nación. Las redes sociales se volvieron locas, la gente comentaba “aterrada”, las mujeres y los hombres condenaban este acto… no, no el hecho de que el tipo haya subido los vídeos sin permiso, sino el nivel de aberración que para todos significaba ver a una mujer joven y atractiva, estudiante de una prestigiosa universidad aparecer en un vídeo desnuda disfrutando del sexo a su manera, sin inhibiciones.

A partir de esto surgieron especulaciones, que ella era prostituta, que se había acostado con muchos hombres, que trabajaba en una barra show, que padecía varias enfermedades sexuales (porque al parecer esto es lo único que podría explicar que una mujer sea tan desinhibida) y que por ésta y muchas más razones nadie podría ni debía respetarla, que merecía lo que tenía, que era simplemente la mujer más estúpida que El Salvador vio nacer.

¡Qué fácil es destruir a una mujer en este país! En medio de todo esto, el acto de absoluta cobardía y patanería del individuo que subió a la red este vídeo no había sido notado por casi nadie. A pocos parecía alarmarle el nivel de violencia e irrespeto que existía en este acontecimiento y el imbécil en cuestión se sentía fuerte, indestructible, halagado y engrandecido porque la sociedad le había dado el poder absoluto de arruinar la vida de una mujer que no cedió ante sus chantajes y decidió abandonarlo consiente de las consecuencias.

Las consecuencias… aquí la mujer siempre lleva las de perder, porque si un hombre te golpea, la estúpida sos vos, por permitirlo; porque si salís embarazada, la estúpida sos vos, por no cuidarte; porque si un hombre te viola, la estúpida sos vos, por vestirte así; porque si un hombre es infiel, la estúpida sos vos, por no satisfacerlo; porque si un hombre divulga tu vídeo en Internet, la estúpida sos vos, por dejarte grabar.

Simplemente no puedo verla a ella como “la villana” de la historia. Tampoco creo que haya alguien con la facultad para decir si lo que ella hizo es correcto o incorrecto, es que la sexualidad es algo tan amplio que lo bueno y lo malo simplemente es relativo.

A pesar de que el tipo ha sido acusado por violar la Ley Especial Integral para una Vida Libre de Violencia para las Mujeres y que probablemente se extienda una orden de captura para él y con suerte pague con cárcel por sus actos, sigue siendo ella la más afectada por todo esto, porque es mujer, porque estaba desnuda, porque estaba disfrutando, porque se estaba atreviendo, porque quedó documentado y porque El Salvador es así.

Por suerte, nuestro país olvida, siempre olvida y rápido… olvida las injusticias, los políticos corruptos, las mentiras, las estafas, la violencia… ¡Hasta olvida creer en su gente! Y si olvida eso con facilidad, también olvidará esto y con suerte la joven podrá seguir adelante, será aceptada o no, amada o no, entendida o no, por quien es y no por sus habilidades en la cama.

Es fácil decir como todo debería de ser, lo difícil es aceptar como son las cosas en verdad y vivir con esto. Aprender a no usar falda en el bus porque aunque no debería ser así, corres el riesgo que “te metan mano”; aprender a soportar que te digan “puta” porque ya tuviste más de dos novios, y mil cosas más que no deberían ser, pero son…

Sociedad, no sé qué hacer para que tú me quieras, no sé cómo debo ser para que tú me consideres correcta y como no sé, entonces voy a ser quien yo quiera y me importa una mierda si te gusto, total tú no me gustas a mí.

Pd.: Si antes era difícil convencer a tu pareja de hacerse un vídeo ¡imaginen ahora!

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