Hamlet, príncipe de Dinamarca, juzgado por un tribunal popular actual por asesinato

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Un juez, un fiscal, un abogado, un forense y un agente judicial, profesionales de la justicia española, se suben a un escenario para enfrentarse al juicio a Hamlet, el príncipe de Dinamarca, personaje creado por William Shakespeare. 

Pero no es el propio Hamlet en sí sino basado en un caso idéntico que sucedió en Marsella, Francia.

Un joven que ha matado a su tío después de que éste hubiera matado al padre del primero. Un caso de manual, casi universal, que encaja en las estructuras de la tragedia tradicional.

«Please, Continue (Hamlet)» es una obra teatral inversiva que tiene su raíz en los simulacros de juicios que se suelen organizar para potenciar la enseñanza del derecho. Sólo que en este caso no se busca eso precisamente sino llegar al gran público, penetrando en la raíz de uno de los dramas universales.

A los cinco profesionales de la Justicia se unen la madre de Hamlet, Gertrudis, y su prometida Ofelia ambos actores (Raúl Prieto, Consuelo Trujillo y Zaira Romero) que junto a defensa y acusación, protagonizan el proceso, las pruebas y  los  testimonios que culminan con el veredicto final de un tribunal popular elegido de entre el público.

La obra, creada por  Roger Bernat y Yan Duyvendak, acaba de representarse en Madrid pero se ha visto ya en 16 países de todo el mundo, siempre de acuerdo con el sistema judicial de cada uno de ellos.

Roger Bernat no deja de sorprenderse con cada representación. Lo resumió así para Confilegal: “La Justicia es una apisonadora”.

Roger Bernat, el creador de «Please, Continue (Hamlet)», que ha sido entrevistado por Confilegal.

El próximo año volverán a España.

Hamlet mata a su tío para vengar a su padre, el rey de Dinamarca, asesinado por éste, que además se ha casado con su madre.

¿Es culpable Hamlet, o tal vez es inocente?

Parece ser las dos cosas, puesto que en la mitad de las representaciones ha salido absuelto y condenado en el resto, según el jurado que se elige al azar entre el público al final de esta obra de la compañía FFF, The Friendly Face of Fascism (La cara amable del fascismo), formada por Roger Bernat, Roberto Fratini, Txalo Toloza, Cristóbal Saavedra, Ana Rovira, Marie-Klara González y Helena Febrés.

Entre el reparto de las dos representaciones que se han celebrado en Madrid hay jueces, fiscales, médicos forenses y agentes judiciales… de verdad.

¿La Justicia se presta bien a la teatralización?

Todo el poder necesita teatralización para presentarse. El juez, allá arriba, quieto, el abogado y el fiscal moviéndose, los testigos entrando y saliendo, un juicio es como una representación teatral.

Y al ir de país en país se ve cómo el poder se representa a sí mismo de manera muy diferente en función de la geografía.

¿Qué quiere demostrar con esta performance?

No había una idea preconcebida pero me he dado cuenta de que la justicia es un rodillo, una apisonadora que tritura todo, acusados, víctimas…. y actores.

¿Qué significa el título, «Please, Continue (Hamlet)»?

En el dossier de la instrucción de un suceso ocurrido en Marsella, en el que se basa la obra, había una frase que el juez repetía una y otra vez: «Please, continue« (Por favor, continúe) y de ahí salió el título de la obra.

¿Partieron entonces de un suceso real?

Sí, es un caso real cuya instrucción llegó a nuestras manos. Un hombre había asesinado a otro y él y toda su familia habían convivido con su cadáver en el sofá durante un día entero, haciendo vida normal.

Una historia triste y miserable.

¿Y cómo llegaron de Marsella a Dinamarca?

El caso ya se había juzgado, luego era imposible representarlo con las características que quería, con profesionales de la justicia, actores y un jurado elegido entre el público que al final emitiera un veredicto, así que había que combinar la realidad con la ficción, en este caso con la tragedia de Shakespeare.

El simulacro de juicio contra Hamlet cumple con todas las normas establecidas en estos casos por la j justicia española.

¿Pero se trata de un Hamlet desde un punto de vista actual?

Sí, la idea era quitar la dimensión más dramática del hecho y para ello resultaba más fácil que fuera una ficción y no un suceso real.

Usted particularmente, ¿condenaría o absolvería al príncipe de Dinamarca?

Cada representación me pongo en la piel de un jurado y unas veces le absolvería y otras le condenaría, todo depende de la pericia y de la perspectiva de la defensa y de la acusación, de sus interrogatorios y sus interpretaciones de la justicia y de la instrucción que se les proporciona.

¿Cómo elige a estos intérpretes juristas y expertos?

En cada país procuramos buscar juristas reconocidos y casi siempre se prestan con gusto a participar, sobre todo cuando tienen una perspectiva  humanista del tema.

¿Quiénes fueron los juristas que participaron en Madrid?

La primera noche el juez Javier Carazo, el abogado Andreas Chalaris, la fiscal María Valencia la médico forense Soledad Gómez Alcalde, y el agente judicial Manuel Moreno.

En la segunda representación intervinieron el juez Ignacio González Vega, el abogado Marcos García-Montes, la fiscal Olga Muñoz Mota, el médico forense Luis Segura, y el agente judicial Manuel Moreno.

¿Qué le transmitieron al terminar?

Curiosamente, los juristas sufrieron el mismo síndrome que los actores y necesitaron saber si lo habían hecho bien. Y añado que todos estuvieron brillantes, aunque el que pierde lo vive como un problema profesional.

¿Cuál fue el veredicto cada noche?

La primera noche Hamlet fue condenado a 7 años y la segunda resultó absuelto.

¿Cómo les prepararon?

A todos se les proporcionó el dossier de la instrucción, un documento de trabajo para que pudieran preparar sus respectivas estrategias. Además, unos días antes tuvieron la oportunidad de reunirse con los actores para preparar a sus testigos y al acusado según sus estrategias de defensa, como en un juicio real

Y respecto a los actores, ¿de qué manera abordaron su trabajo con los juristas?

Los actores profesionales preparan su personaje para recibir toda clase de preguntas, por excéntricas que sean y reaccionar como lo harían Hamlet, Ofelia o Gertrudis, con pasión, rabia, vergüenza…lo que sorprende bastante a los juristas que ven que tienen enfrente a personas que son un saco de emociones.

Piense que ellos improvisan, responden a las preguntas que cada vez son distintas. En Francia tuvimos dos equipos de actores porque acababan muy desmoralizados, emocionalmente les desgastaba mucho. La actriz de Ofelia sobre todo, estaba muy desvalida porque se la trataba como a una niña pequeña.

Y con tanta improvisación ¿nunca se les ha ido de las manos?

Claro, nosotros nos limitamos a preparar la situación y luego las partes hacen lo suyo, por eso se nos puede ir de madre.

¿Algún ejemplo?

Al ajustarnos al sistema judicial de cada país, la obra cambia mucho, Por ejemplo en Alemania la justicia se basa sobre todo en lo que está escrito, lo leen todo y a veces puede resultar aburrido o incluso algo árido, como en Atenas, que duró cuatro horas.

¿No hay un tiempo determinado de duración?

Yo siempre intento pactarlo, pero si son muy garantistas en lo penal el tiempo se alarga inevitablemente.

¿Qué es lo que más le sorprende a usted personalmente?

Me sorprende muchísimo el trabajo de abogados y fiscales, sus estrategias a veces son inimaginables. En Girona, el fiscal se fijó en un detalle de la instrucción en el que nadie antes había caído y puso en un brete al defensor durante todo el juicio.

Todo esto demuestra que después de 160 representaciones, todavía hay perspectivas nuevas en el caso.

¿En qué países se ha puesto en escena?

En casi toda Europa, en Brasil, Australia, Estados Unidos.

Y próximamente vamos a San Petersburgo y a Hong Kong.

A principios del año que viene volveremos a España, concretamente a Santiago de Compostela.

Conflegal/Dl

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