Qué nos dejó el año 2018 ?

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El año que concluye fue traumático para el país.  En lo económico debemos prepararnos para enfrentar un nuevo año con un déficit inmanejable, resultado de un  fuerte endeudamiento externo para financiar una estrategia gradualista y la falta del flujo de capitales exógenos que ha dejado a la vista la debilidad del sistema populista de izquierda que nos fue impuesto por el FMLN.

Otro de los componentes que harán más difícil el próximo año es la incertidumbre, en todo sentido, en la que se encuentra sumida la sociedad .

Por una parte, la forma errática en la que el gobierno ha llevado a la población sin darle una opción donde fincar sus esperanzas; por la otra, empujándolo al borde del abismo en que se encuentra por la falta de seguridad pública;  por los muertos que a diario enlutan nuestros hogares, por la indiferencia conque quieren que veamos el futuro y por el desprecio  nuestras instituciones que languidecen día a día sin poder hacer nada por evitarlo.

Ningún país puede superar sus problemas con la incongruencia de instituciones fuertes y dirigentes débiles o visceversa. Las cosas, de seguir como están, solo nos conducirán a un desenlace de más incertidumbre.

Este duro desenlace muestra, como coinciden los observadores lúcidos, un error de diagnóstico inicial: creer que un mundo financiero codicioso e inorgánico acompañaría la corrección lenta de la macroeconomía de un país imprevisible que ni siquiera juega en las ligas menores del concierto internacional.

¿Por qué pudo haber ocurrido esta equivocación, cuyas consecuencias provocan sufrimiento en la sociedad e incertidumbre en los distintos sectores de la nación que la mantiene, además de la incertidumbre, con una angustia indescifrable de lo que pueda ocurrir a corte plazo.

Creemos que el responsable directo ha sido el gobierno con su amplio amplio repertorio de incongruencias cognitivas: tratando de resolver sus principales políticas mirando las encuestas antes que los problemas o sobrestimando su propia capacidad, convencidos de que conformaba un equipo de calidad insuperable . Craso error”

El gobierno nos tiene así, como estamos, porque tiene sus ojos puestos en una causalidad errónea al suponer que la simpatía política de la República popular de China desencadenará un flujo incondicional de dólares frescos e inversiones productivas; porque ha confundido el apoyo electoral con el poder político real y porque ha sobrestimado la situación heredada pero especialmente por el alto grado de omnipotencia conque actúa.

Una omnipotencia inspirada en el marketing, entre lo que quiere “la gente” y lo que el gobierno ofrece para satisfacerla, sin advertir que por fuera de este juego de oferta y demanda político comercial existen realidades objetivas internas y externas: fragilidad estructural de la economía, ineficiente asignación de recursos, debilidad secular de los gobiernos de ARENA, ausencia de consenso político, desconfianza en un país que destruyó su moneda para financiarse con recursos espurios, despiadada panza financiera que nos ha llevado al desastre.

Según el FMLN, ellos han sido los mejores intérpretes de la sociedad, han hecho la transformación que nadie pudo hacer, no han precisado el consenso  son los únicos que pueden combatir la pobreza, el crimen, la inflación y hasta la desesperación de la ciudadanía.

Si aún se puede aprender de los errores, la omnipotencia debería ser materia de meditación para los próximos gobiernos.

No hay que ser más “papistas” que el Papa, la cosa seguirá igual o peor, seguirá generando pobres, potenciando conflictos, provocando desconfianza. Esta restricción, que la actual administración no quiso, no supo o no pudo ver, es la que heredará la próxima, independientemente del partido a la que pertenezca.

2018 no tuvo piedad: le cobró al fiscal Meléndez los errores y las equivocaciones, se cobró los errores del Gobierno y la oposición, dejando extenuada a la sociedad. El daño sufrido es inconmensurable como lo veremos con la fragmentario del poder al interior de las élites y el desahucio de la economía real pero lo más grave que nos ha dejado es la falta de claridad en la oferta de los candidatos que disputan la presidencia de la República.

Este es quizás el desafío del próximo año: disminuir la omnipotencia política, asumir de manera seria que en El Salvador nadie podrá solucionar los problemas por sí solo. Esa es la inflexión que tal vez cambie el destino. Si se la desecha, los años, implacables, seguirán cobrándose nuestras equivocaciones.

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