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Maravillas contemporaneas: La Plaza Mayor de Madrid

Una de las aportaciones más singulares del urbanismo español a la historia de la ciudad, se encuentra en la Plaza Mayor. Sus orígenes y definición no son del todo claros hasta los años finales de la Edad Media, siendo desde el siglo XVI una realidad urbana, dando lugar a un gran número de modelos y variantes, hasta llegar al siglo XIX, con la que se cierra este original episodio. Ejemplos destacados de Plazas las encontramos en León, Salamanca, Toledo, Valladolid y, sobre todo, en Madrid.

El deseo de dotar a la ciudad de una plaza regular es de muy antiguo y su elemental geometría supone el deseo de racionalizar el espacio con beneficio de sus funciones y mejora de sus condiciones estéticas.

Además de su función defensiva, entendida como “plaza de armas”, en la Edad Media conoció la aparición y desarrollo de las “plazas de mercado”. Por regla general, éstas solían situarse fuera de la ciudad y delante de las puertas de la muralla, dado el poco espacio existente, en muchos casos, en el interior.

Hasta aquí se deduce que la Plaza Mayor fue utilizada como plaza de armas y de mercado, pero no debemos olvidar que fue también el escenario de ejecuciones públicas. Aquí se solía celebrar los autos de Fe de la Inquisición.

Así mismo, sabemos que sirvió como teatro de otras muchas funciones, entre las que habría que incluir todo tipo de espectáculos públicos como procesiones religiosas y gremiales, entradas y bodas reales, torneos, juegos de cañas, comedias, autos sacramentales, etc., pero fueron las corridas de toros las que dieron a la plaza su más hondo significado.

Por último, y sin poder agotar el múltiple significado que la Plaza Mayor ha tenido a lo largo de su historia, hemos de añadir el principal carácter, que comúnmente ha tenido este ámbito como espacio público pero propio de la ciudad, en la que el concejo municipal se hace presente con la construcción allí de la Casa Consistorial. Ello se hizo común especialmente a partir del siglo XVI cuando se pusieron en práctica anteriores disposiciones reales, como la dictada por los Reyes Católicos, en 1480, ordenando construir edificios de Ayuntamiento que sustituyeran con nobleza antiguos lugares de reunión. Ello representaba, sin lugar a dudas, la afirmación del creciente poder municipal cuyo edificio concejil se convertiría en el exponente de la pujanza de la villa. Desde entonces fue práctica común levantar el Ayuntamiento en la Plaza Mayor, aunque tenga numerosas excepciones, como sucede en Madrid, donde el Ayuntamiento se encuentra en la antigua plaza de San Salvador -hoy de la Villa-, mientras que la Plaza Mayor está presidida por la Real Casa de la Panadería, que por una parte habla del peso de la presencia del rey en la Villa y Corte, al tiempo que nos hace reconocer en la Panadería el uso de su fachada como un extraordinario mirador real.  Al mismo tiempo, otras dependencias y servicios municipales o relacionados con la justicia, se encontraban o bien en el mismo edificio o en otro inmediato como la cárcel, o las escribanías, etc., de tal forma que la Plaza Mayor fue adquiriendo, progresivamente, un carácter cada vez más municipal y representativo del poder local.

Dentro de las Plazas Mayores más originales, sirviendo de modelo a futuras construcciones, se encuentra la Plaza Mayor de Madrid.  Precisamente serán los siglos XVII y XVIII los más importantes en su historia y desde el punto de vista artístico, siguiendo el proyecto trazado por el arquitecto Juan Gómez de Mora (1617).

 


 

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