Poderoso caballero es don dinero…

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Por Mauricio Eduardo Colorado.-

Nuestro país aparenta una decadencia total, y cada vez más complicado, y para el decir de muchos, hundiéndose cada vez más hondo en un lodazal de hez que nos trasporta hacia lo más bajo de los valores morales de nuestra escasa cultura social.

La corrupción –de la que muchos conocen desde mucho tiempo, casi inmemoriales, sacada a la luz recientemente por el actual Fiscal General de la República, – ha tocado y abierto puertas que se consideraban impenetrables, y ha llevado pánico a sectores tradicionalmente habitados por poderosos que en otros tiempos han sido considerados como intocables.

Es así que el pueblo salvadoreño aprecia como la acción de la justicia ha logrado suprimir la libertad de personajes que jamás se pensó podrían ser ni siquiera mencionados o involucrados en procesos judiciales. Indudablemente se ha creado una alarma en tales sectores, y esto ha provocado un contra ataque que pretende reducir o neutralizar la acción de la justicia, en su avance por imponer la majestad de la ley, y hacer brillar la justicia.

Este accionar de los encargados de hacer valer la ley es absolutamente plausible, porque el intento conlleva riesgos enormes que atentan contra la intención de recuperar la justicia, -aunque muy difícil- e implica el riesgo de perder la vida en el intento de rescatar los valores.

Ya hemos tenido casos de asesinatos de personajes importantes en la vida política de nuestro país, incluyendo en ellos el del Fiscal General García Alvarado, y otros más como el Dr. Rodríguez Porth, el doctor Pecorinni, los sacerdotes Jesuitas, monseñor Romero, aunque en aquel entonces por motivos meramente políticos, y de otros muchos realizados por intereses económicos-políticos como los secuestros de los señores Regalado Dueñas, Poma, y un sin número de víctimas que fueron secuestrados y extorsionados a cambio de dinero para invertirlo en la “revolución”.

Por nuestra parte, estamos convencidos que quien pretenda detener la ofensiva de darle lustre a la ley para tratar de enderezar el camino de nuestra desprestigiada justicia comete un grave delito de lesa patria, y él solo se ubica en la vitrina de los más despreciables y asquerosos personajes quienes teniendo oportunidad de sobresalir en la educación general de su persona, se entregan a traicionar los principios tradicionales que nuestra nación les ha permitido alcanzar. Es por ello que don Francisco de Quevedo y Villegas, retrató una realidad permanentemente verificada, en su glorioso poema cuyo título encabeza este artículo, con el cual logró penetrar en la inmortalidad de las letras universales, y destacar para siempre una realidad humana que pocas personas logran defender con actitudes  honorables que los distinguen de los comunes. Atacar a un Fiscal General que pretende enderezar una cultura de país, más que un crimen, es una conducta bochornosa que comprueba la bajeza del ser humano, cuando cede ante el brillo del metal que  endereza entuertos, y legitima conductas torcidas que no pueden justificarse bajo ningún concepto ni condición. Saludamos la conducta rectilínea del señor Fiscal General y elevamos al Supremo una oración implorando la protección del funcionario en estos difíciles momentos por los que atraviesa la justicia salvadoreña.

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